¿Somos conscientes de lo que hacemos?

No es una pregunta para hacernos sentir culpables. Sólo es una pregunta que invita a la reflexión, a pensar la repercusión que podemos tener en nuestros pacientes. Nos dedicamos a mover dientes, a mejorar la sonrisa de la gente. Y este cambio que podemos generar en ellos no sólo va a repercutir en la boca, también afectará en mayor o menor medida a otros aspectos de esa persona. 

La deformación profesional es un fenómeno del cual difícilmente podemos escapar. Inconscientemente o no, nuestro punto de vista o nuestras opiniones sobre un tema se verán influidas por nuestro trabajo. Por eso, ante un mismo problema, cada profesional tendrá un enfoque diferente. Pongamos como ejemplo a un adolescente con escoliosis. En un caso como este, un dentista encontrará la solución a su problema en la colocación de un disyuntor para resolver la mordida cruzada, mientras que un podólogo determinará que unas plantillas ortopédicas serán el tratamiento que aliviará sus problemas. 

Sin ir más lejos, la especialización dentro de la odontología también hace que los dentistas tengamos ciertos sesgos o “despistes” propios de dicha especialización. No será la primera vez que un ortodoncista no diagnostica una caries a tiempo (me incluyo) por estar enfocado en el movimiento de los dientes ni la última vez que un implantólogo no se fija en una desviación funcional del paciente y coloca el implante en una posición, digamos, poco óptima para una correcta oclusión. Esta observación no busca la crítica, sólo pretende esclarecer las virtudes y límites que tenemos como personas. Por eso es tan importante trabajar en equipo, preguntar a otros profesionales y seguir aprendiendo continuamente. El cuerpo no entiende de protocolos.

Sabiendo esto, dentro de nuestro “campo de acción”, conviene saber que los movimientos ortodóncicos (u ortopédicos) que realicemos en nuestros pacientes pueden afectar a otros ámbitos de su salud física y mental. Pequeños detalles como masticar mejor, respirar mejor, sonreír con confianza… van a hacer que la calidad de vida de esa persona mejore. Ojo, aunque sepamos los posibles beneficios de la ortodoncia, no es aconsejable utilizarlos como reclamo publicitarlo, pues no serán iguales en todos los pacientes y tampoco tenemos un respaldo científico fuerte que corrobore. No podemos afirmar con rotundidad que el 100% de los pacientes a los que coloquemos una disyunción van a respirar mejor ni que mejorar la mordida va a hacer que los dolores de ATM desaparezca, aunque en la práctica a veces veamos estos efectos. 

En resumen, lo que hacemos en la boca tiene repercusión en el resto del cuerpo y lo que hacemos con nuestros cuerpos también puede tener su efecto en la boca. En este punto es donde más cuesta enfocarse, puesto que las consecuencias de estos hábitos no son inmediatas. Recuerdo una charla del doctor Mariano Follana en la que hablaba sobre la cantidad de pacientes jóvenes que veía que respiraban con la boca, caminaban cabizbajos mirando el móvil continuamente, estaban débiles… aunque acudían a verle para mejorar su sonrisa, su problema principal no estaba en la boca. Frente a esta situación, los profesionales podemos actuar de dos maneras:

  • Solución rápida: Darle al paciente (o a los padres) lo que quiere, colocarle el aparato que consideremos, resolver el problema por el cual acuden y dejarle una bonita sonrisa.
  • Solución completa: Explicarle a los padres que su hijo, además de tener los dientes mal, le vendría bien cambiar su estilo de vida. Ser más activo, hacer deporte, cuidar la alimentación… todo ello le ayudará, junto al tratamiento de ortodoncia, a desarrollarse mejor y ser una persona más sana.

Como cabía esperar, la solución completa es la más difícil y a la vez la más atractiva. Como profesionales de la salud, tenemos la suerte de ver a mucha gente todos los días y estamos en cierto modo obligados transmitir a nuestros pacientes las pautas para ayudarles a estar mejor consigo mismos. No vamos a conseguir “cambiar el chip” a todo el mundo, pero si nuestro mensaje cala en alguno de ellos, habrá merecido la pena el esfuerzo. Hay mundo más allá de los dientes. 

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